lunes, 11 de abril de 2011

RÉQUIEM POR VALPARAISO

"Si usted pudiera leer en mis ojos lo que mis ojos leyeron..."

Sabría que existió un punto de luz adonde el océano llegaba, transportando buques enormes, buques de guerra, remolcadores, barcos pesqueros, barcazas, botes de paseo, lanchas y catamaranes..., gaviotas, pelícanos, marineros borrachos..., viejos marinos ebrios de alcohol y de canto, buscando el amor entre sus recuerdos de puertos lejanos... Faros a medianoche en medio de la niebla, molo, dique y ascensores columpiándose en los cerros...

La Historia estaba escrita en cada piedra, las escaleras que llevaban al cielo, casas enraizadas en la agreste tierra, en la laberíntica geografía, rasgando el viento y a un palmo de las estrellas...

Entonces el futuro era el amplísimo horizonte del Pacífico, y, la vida, la aventura
a través de los dédalos caleidoscópicos. Todo podía ser..., y era. Lo mágico,
lo irreal, lo que se encontraba todos los días entre los cementerios, y los terremotos, tesoros naturales en el temporal y los incendios, entre los fuegos de artificio y los cañonazos, entre volantines y sábanas al viento, quemando al Judas contra el tiempo, y, el 29 de junio, la Procesión de San Pedro bendiciendo la pesca,
llenando de salobres flores las olas picadas, palomas, gorriones y levas de perros
en prosecución de su devenir continuo, hondas, cartuchos para las cerbatanas,
descolgarse y trepar, soñar, jugar, volar, observar silenciosa, reverentemente el mar...

Porque todo estaba allí, Dios, el Diablo, los fantasmas y las brujas, los prostíbulos encubiertos, las casas de juego, las fiestas homosexuales, las iglesias católicas y los templos protestantes en todas sus divisiones, pastores y curas, poetas enamorados del magnetismo fantástico, filósofos trashumantes, enloquecidos espectros, devotas milagrosas, fervorosos delirantes, locos filántropos, las canchas de deporte, la Armada, las plazas y plazoletas, los troles, las antigüedades, las leyendas bucaneras y los Bancos coloniales.

Paseos a medialuz, enamorados rehuyendo el público, vino y cognac, aguardiente templando los fríos húmedos, té y café, emociones a flor de piel que no encuentran su razón hoy, aquí.

Mas, esta no es toda la verdad y es demasiado tarde para recular; los burros y el lechero, los botelleros, el Viejo del Saco, el Hombre Lobo y el Hombre Pájaro, los borrachos y los desquiciados de siempre, nacimientos y muertes, Open Door y antiguos Hospitales, pozos añejos para bomberos, boîtes y fuentes de soda abiertas hasta el amanecer...

Pero, de pronto, YA VIENE YAKARTA y los Infantes llamaban a la población
a recluirse en sus casas, era el fatídico Toque de Queda, el horroroso Estado de Sitio nazi.

Era la muerte, las cacerías y las detenciones, asesinatos masivos, torturas en alta mar, el Lebu, denuncias, allanamientos sorpresa, nocturnos pájaros del odio y la locura.

Era el miedo, el dolor, la incertidumbre... El corazón latiendo a un ritmo desacompasado. Fue la bruma y el duelo más largo del Puerto. La sombra se apegó a las murallas, las caminatas se hicieron de puntillas, los ojos esquivaban las miradas, las sirenas portuarias se volvieron lúgubres, una letanía fúnebre, y la nostalgia subió desde la costa hacia los cerros...

Emigró la gente buscando latitudes más templadas, más humanas, el dolor se quedó colgando de los cerros abandonados de Valparaíso.

Ni perdón ni olvido: Juicio y Castigo a los culpables.

Nadie borrará la sangre ni las sucias y oscuras manipulaciones de dólares yanquis y vidas humanas; nadie tapará los cruentos hechos descubiertos; nadie perdonará las violaciones a los Derechos Elementales del Ser Humano; nadie quebrantará la Promesa y el Juramento al haber visto y haber oído el nombre de la Traición rastrera; y se reclamará por todo lo desaparecido, lo extinguido, lo mancillado, se acabará el Silencio y habrá Esclarecimiento y Justicia.

Hoy, desde este punto, cercano a la Cruz del Sur, quiero encender de nuevo la luz y el color, la fuerza pujante del hombre de mar, del pescador, de la artesana, de la enfermera, del poeta marítimo y esencial, sacar la claridad, desde lo hondo, de este añejo puerto que soportó el maremoto de la muerte y la inconciencia.

"Si usted hubiera visto por mis ojos y sentido por mis sentidos, querría, sin duda, lo mismo: resucitar la poesía y la verdad y aferrarse al Sol y a la alegría, encumbrando esperanzas desde un mirador panorámico..."

Y, sin embargo..., desde lo hondo de mi, quisiera esa pacifica amistad, no manchar mis manos, ni las manos suyas, con la sangre asesina, genocida; tal vez, cerrar los ojos y pensar que nunca fue mil novecientos setenta y tres... Y que a ninguna parte del mundo llegó nunca esta Historia.

Derechos Rservados © María Luisa Landman R.

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